
Mirando las fotos de
los viajes de egresados no puedo dejar de recordar a
la soñada y paradisíaca, pero también controvertida
"Bari-Bari-Bariloche". Meca de los estudiantes.
Pero, preguntando y preguntando, me convencí de que
hay muchas formas de vivir el viaje. Simplificando las
cosas, creo que existen dos grandes grupos. Algunos
van a divertirse. Otros, a descontrolarse.
Hay quienes están con sus compañeros y también quienes
se dispersan. Están los que esquían, juegan al truco
en el micro, desayunan con sus amigos. Pero también
están los que destruyen el hotel, gritan groserías en
las puertas de los boliches, se emborrachan y se entregan
a las drogas y al sexo.
¿Quién determina todo esto? ¿El grupo? ¿El entorno?
¿Qué hacer?
Porque no se trata de no ir a bailar no se trata de
no ir a bailar, de dormirse temprano, de no hacer las
clásicas e "inocentes" cargadas en el hotel;
no propongo que no haya que divertirse.
Es cierto que Bariloche y sus atracciones conforman
un ambiente difícil para tantos grupos de chicos, incitados
por los "coordinadores" a hacer lo que tengan
ganas, "hacé lo que sientas" .
Creo que el problema esencial es el objetivo del viaje:
¿individual o grupal?
El viaje empieza a concebirse como algo de todos: se
hacen fiestas, rifas, bingos, lo que sea. (No falta
quien sugiera la venta de un hermano).
Hay reuniones con peleas incluidas, pero al final se
toman decisiones por consenso. Se ha madurado como grupo.
¿Qué pasa en Bariloche? Parece que al llegar allá_ este
espíritu se diluye: cada uno hace la suya y busca su
propio bienestar. Por eso las transas, el alcohol. La
consigna pasa a ser la burla, la guarangada, el relacionarse
con otros grupos o con los coordinadores. Ya nadie se
identifica con el colegio, sino con la empresa de viajes.
"Lo mejor del viaje de egresados es que hacés lo
que querés, tenés toda la libertad" - se escucha
muy a menudo.

Yo pienso que es más libre el que no precisa de todo
lo anterior para divertirse. Esa idea generalizada de
que HAY QUE HACER TODO LO QUE NUNCA HACEMOS, vivir a
full y, en el fondo, vender los propios ideales, esclaviza
más de lo que libera. Necesitamos comprender algo a
cerca de la libertad: no consiste en hacer lo que queramos,
ni en ir a donde deseamos, sino en intentar todo eso
sin pasar por encima de los demás.
La libertad no es un bien absoluto, precisa tener límites.
"No, no son las rejas, ni las paredes, ni los bloques
de piedra los que quitan la libertad. Lo que me transforma
en prisionero es la falta de una llave . Por más grande
que sea el muro, y por más pesada que sea la puerta,
el hombre que tiene la llave es siempre un hombre libre"
, dice el P. Zezinho.
Vivimos en un mundo paganizado, en que el placer del
momento cuenta más que un proyecto de vida. Pero prenderse
a esa vorágine y entrar en ese hedonismo, es vender
los principios a cambio de unos pocos instantes agradables.
El que hace todo lo que los coordinadores digan y todo
lo que los demás hagan, no está pensando, porque los
demás están pensando por él.
Al contrario de los animales, que hacen simplemente
lo que tienen ganas de hacer, nosotros tenemos la capacidad
de razonar. Si querés detenerte sólo en el instinto,
¡adelante! hacé lo que "sientas" y no te preocupes
por nada más. Pero lo único que vas a conseguir a cambio
son algunos ratos "eufóricos" , seguramente
vacíos, que encima afectarán tu propia personalidad.
Pero si estás dispuesto a enfrentar la mentalidad consumista,
hedonista, antirreligiosa y prepotente, de quienes ridiculizan
a los que buscan en su viaje otro tipo de valores, animáte
y encará de frente la situación.
Viví tu viaje con un sentido de grupo, como la mejor
manera de poner un punto final a todos esos años con
tus amigos. Muchos lo hicieron y te lo aseguro: ¡vale
la pena!.
|