Nota de tapa

Dolores Pedraza y Laura Terán son dos chicas tucumanas que hace diez años estuvieron de misión en Kenya, África. Vivieron una experiencia impresionante que las marcó para toda la vida. Convivieron en medio de una cultura diferente. Aprendieron un montón y quieren compartirlo.
Fragmentos las entrevistó por el espacio de un par de horas que dejaron miles de palabras en el grabador. Palabras cortas frente a semejante vivencia.

Derecha: Novio y novia en una boda Masai

Abajo: Masai llendo a misa

Abajo y derecha: Mountain bike en Uganda

Frag: ¿Cómo empezó la idea de ir al África?
Lola: La idea empezó con Laura, cuando era muy chica. Quería ir al África. En realidad, le encantaba todo lo que sea vida natural, animales.
Y yo conocí a Laura hace dos años. Era una persona que ahorraba permanentemente, pero yo no entendía para qué. Un día le pregunté: -Es para irme a África, -me contestó- tengo una pasión por todo lo que sea África; me encanta todo lo que sea vida animal.
Yo le dije que también tenía ganas de ir. -¿Por qué no empezás a ahorrar y a fin de año te vas conmigo?, -me dijo- o, sino, otra vez.
Y así empezamos a ahorrar, y trabajar y charlar todo lo que queríamos. Después conocimos en Salta a una señora que había viajado a Kenia hacía 15 años, con unas amigas de un Obispo de allí. Ella nos orientó y nos armó una carta que llegó al Obispo. Luego hablamos por teléfono.

Collin Davis, obispo de Kenya. Un personaje de aquellos: nació en las islas Canarias, se educó a la inglesa y vivió en la Argentina. Y que además, por si esto fuera poco, fue piloto de la Royal Air Force (fuerza aérea inglesa).
"Había una zona en Kenia que era sólo para los Masai, el distrito de Cayiado. Y hace 40 años le crearon el obispado justo allí. Y él empieza de cero. Es increíble la labor que ha hecho. Vos ves el hospital, la escuela, todo hecho por él. " (Laura dixit)

A fines del '93, recibieron la ansiada carta del Obispo, y unas semanas más tarde iniciaron su aventura. "Así sonocimos nuestra primera misión católica y la primera tribu, que era la más importante, la de los Masai".

El trabajo de los misioneros:
En estas tierras africanas es bastante ardua la labor misionera. Por lo general, la Iglesia tiene problemas con los gobiernos de turno: "Es increíble todo lo que hacen, -nos cuentan- los sacerdotes y las monjitas se empiezan a meter en la cultura antes de ir a una misión, aprenden el dialecto para poder comunicarse"

El Padre David, las hermanas Kipsiguis, un seminarista colombiano y Lola, quien junto a Laura, apradrinó a Evelyn (la niña)

Frag: ¿Pudieron hablar con gente Masai?
Lola: Por intermedio de los sacerdotes porque tenés que saber el dialecto de ellos.
Frag: ¿Les preguntaron, por ejemplo, cómo ven a Jesús, cómo van descubriéndolo?
Lola: No de eso todavía no saben. Es muy nuevo para ellos.
Frag: O sea que primero comienzan hablando de Dios.
Lola: No es que comienzan hablando de Dios.
Laura: Las creencias de los Masai, son muy parecidas a las nuestras. Para los misioneros resulta mucho más fácil llegar y empezar a hablar.
Lola: Ellos tienen la creencia en un Dios. Creen en un solo Dios, un ser sobrenatural; ellos no tienen dioses como el sol, la luna, la hiena, el trueno... y los misioneros contaban que usaban muchos de los signos de los Masai para las bendiciones.
Laura: Si, por ejemplo, en las misas: cuando empieza la celebración, el padre entra con el bastoncito con los pelos de vaca, tirando agua; porque así bendicen los ancianos para la circuncisión, o en cualquier acontecimiento. Después todas las cruces que tienen son cruces Masai. También, en el momento de la inauguración de la casa de los padres. Cuando invitan a los jefes, también se visten como ellos. Tratan de usar los signos como ellos, sin salirse de la religión católica.
Lola: El alba y los demás ornamentos los hacen en cuero, mostacilla. La cruz que se cuelgan para celebrar la misa está hecha en mostacilla. Y así llegan a ellos.

Frag: ¿La misa es muy distinta?
Laura: No. Hay mucho baile.
Lola: No es que haya mucho baile, sino que con las mismas canciones aplauden y tocan muchos instrumentos.
Laura: Pero hay mucho baile. Antes de que ingrese el sacerdote, pasan unas mujeres bailando. Después, pasa el celebrante bendiciendo a todos los feligreses. Después entra el monaguillo, con las mismas mujeres que dan la vuelta y vienen bailando con los libros y la Biblia. Aunque esto pasa sólo los Domingos... es muy lindo!
Frag: ¿Quienes son esas mujeres?
Laura: Son unas chiquitas, como un coro que acompaña, pero con danzas.
Lola: Que viven cantando.

Frag: ¿Cómo vieron a los sacerdotes? ¿Contentos?
Lola: Si, dedicados. Más que una vocación sacerdotal, una vocación de servicio. Los había mexicanos y colombianos. Y me admiraba: ¡Hace 5 años que no vuelven a México o a Colombia; que no ven a sus familias! Se los veía totalmente dedicados a su misión, les encanta; están contentos, realmente los quieren. Están al servicio de Dios y tratan de dar todo a esa gente.
Laura: Lo que hacen ellos es acercarse, conocer las culturas, comenzar metiéndose y ganar la confianza. Más que una tarea evangelizadora, es, yo te diría, una tarea de servicio, en el tema de la salud y la educación.

Frag: ¿Ellos son enfermeros?
Laura: Los Padres no. Algunas veces ayudan en los hospitales, cuando hace falta, cuando las hermanitas no dan a basto. Pero, por ejemplo, si hay que trasladar a un enfermo, si hay que trasladar a la novia, ellos lo hacen. Siempre hablando de Dios, ¿no? Su tarea no es llegar con el catecismo y empezar a darle duro y parejo. El que se convierte, se convierte por convencimiento y no por obligación. El obispo nos decía que antes era así: Los misioneros llegaban y evangelizaban sistemáticamente. Pero nosotros hemos visto un proceso lento. Un sacerdote nos decía que muchas veces no tienen una fe tan fuerte como la nuestra. Si la misión evangelista tiene un coro más lindo y cantan mejor (porque a ellos les gusta todo lo que sea baile y canto), capaz que se van a lo de los evangelistas. Aunque a simple vista no te das cuenta. Son muy devotos. Son divinos.
Lola: no sabés lo que es la devoción, al dar la ofrenda. Y cada vez que van a confesarse: van una vez por semana o por mes. Van a unos lugares especiales y pueden estar tres horas ahí confesándose, y cuentan todo.
Laura: Tienen una concepción increíble. Nos decía el Obispo, por ejemplo: se confiesan por no haber ido a misa el domingo pasado: -¿Por qué no has ido? -le preguntaban- "Porque estaba enfermo." -contestaban- Bueno, pero en realidad Dios no toma eso como pecado, porque no has podido. "¡No! Yo no he ido a misa el domingo pasado!". Son increíbles. Se confiesan hasta de lo que estaban disculpados por estar enfermos o a 40 Km. del lugar... ¡Son niños!

Frag: ¿De qué viven?
Laura: Son ganaderos pero no comen el ganado sino que se alimentan de la leche y de verdura. Únicamente comen carne para las grandes ocasiones, como nacimientos, circuncisiones, casamientos. Matan una o dos vacas y comen carne. Sino, su alimentación es leche y cuajada.
Frag: ¿No tienen sembradíos?
Laura: Los Masai no. Porque la tierra no sirve. Es semi-árido. Pero estuvimos en otra misión, en el noroeste de Kenia que tiene las mejores tierras del país. Allí si son agricultores... los Padres trataban de enseñarles que no sembraran solamente maíz, como sus abuelos; sino que hicieran una diversificación de cultivos, por muchas razones. Si te va mal con el maíz, no tenés otra cosa de que alimentarte, y saturás la tierra. Pero les cuesta horrores cambiar eso. Ellos siembran siempre maíz o a lo sumo batata; porque a la batata la pueden dejar enterrada por más tiempo y después la comen cuando no tienen otra cosa. Todo es un proceso muy lento. Pero ya tienen catequistas y las misas son divinas. Siempre hay uno que traduce la homilía del padre. Allí los padres eran colombianos y es muy difícil para ellos: ¡pobrecitos! Primero tienen que aprender el inglés. También el kisha pili, el otro idioma oficial. Además tienen que aprender el kipsi guis, y otro dialecto más. Es muy difícil tener que estar estudiando todo el tiempo. El misal ya está traducido al kipsi guis. Pero no saben hablarlo bien. Entonces ellos predican en inglés o en kipso tiligüe y el catequista traduce al kiguis. Y después él mismo hace la narración de la parábola del día. Aunque fuimos a un bautismo donde predicaron directamente en inglés.
Frag: y... ¿El tema de la poligamia?
Lola: Es increíble. Les cuesta aceptar la monogamia.
Laura: Eso es lo más difícil. Los que se convierten al catolicismo tienen que elegir a una de las mujeres, la mayoría de las veces la primera.
Frag: Eso se llama privilegio Petrino.
Laura: Pero las otras no pierden su derecho a ser mantenidas. Aunque en realidad, no las mantienen. Pero en todo caso, ya no hay una convivencia.
Laura: En fin, la aceptan más o menos... a veces se dicen católicos, pero no son católicos. Van a la Iglesia, pero todavía no son católicos, no están bautizados. Por supuesto, todos son bienvenidos.
Frag: ¿O sea que van a misa?
Laura: Si, el simpatizante si. Eso es lo bueno, no hacen discriminaciones para nada. Cuando repartíamos la comida llegaba un montón de gente. Capaz que había cinco católicos y los otros trescientos no lo eran!!!

 

"Viven en casillas de chapa, y hace 45 grados de calor. ¿Como aguantás? ¿Cómo han vivido así? Y son felices. Siempre con una sonrisa."

 

Izquierda: Laura repartiendo alimentos.

Abajo: Lola junto al Padre Filiberto (mexicano), la madrina y el novio de un casamiento en casa Masai. Misión de Lenkisen.

 

"Ellos dan misa. Van los Masai, sean o no católicos. Van y escuchan porque saben que el sacerdote está hablando de Dios en ese momento."


Frag: ¿Quién repartía la comida?
Lola: La Iglesia
Frag: ¿Por qué? ¿La Misión les da de comer?
Lola: El año anterior había sido malo, de seca. Perdieron todo lo que habían cultivado. Tampoco tenían reservas, no tenían qué comer... como no guardan nada, si viene un año malo, no comen. Entonces la Iglesia, les reparte comida, les raciona el maíz y muchas comidas del lugar.
Frag: ¿Quién mantiene todo eso? ¿De dónde saca el dinero la Iglesia?
Laura: El obispo nos decía que reciben donaciones. Roma envía para todas las diócesis de Kenia. Pero eso no basta, por eso, todos los años el Obispo viaja a Europa, visita empresas, gente, entidades que puedan dar dinero. La Iglesia siempre da comida. Todos los años por la sequía del año anterior; también las Naciones Unidas estaban ayudando con un programa de 8 meses y le daba la comida a las misiones para que la administren. Ese año tuvo que ser una ayuda más general y nos hemos quedado admiradas... porque somos egoístas. Todos los años elegían 5 o 6 familias carenciadas, las más pobres o con más hijos y se les entregaba 30 Kg. de harina, 30 Kg. de maíz, qué se yo... para que tengan para el año. Pero, por esa última sequía grande, ese año todas las familias estaban mal. La Iglesia siguió con el mismo criterio: eligió 5 o 6 familias y les repartió a ellas. Y ellas dijeron: "No, nosotros queremos que dividan entre todos; porque todos estamos mal". Y esa fue nuestra tarea: había que racionar lo que había. Sacábamos 2 Kg. y medio para cada familia. Ese fue un gesto de caridad que realmente nos llegó a corazón. Mientras tanto, estaban esperando la ayuda de las Naciones Unidas que le tocó a la misión. Iban a mandar camiones con harina, maíz... Había una norteamericana ayudando en el programa. Por supuesto, también van a controlar.
Frag: Da la impresión que el mundo se ocupa de ellos.
Lola: Sí, mas o menos. El mundo se ocupa porque el Obispo va a buscar. No sé si se ocupa el mundo entero.
Laura: Pero esa labor es de las Naciones Unidas.
Lola: Pero el Obispo tiene que ir a Europa, y pedir ayuda. Nosotras, acá en Tucumán, organizamos una exposición de fotos para juntar fondos. Y hay gente que me dice: "¿Por qué voy a colaborar para África si también en la Argentina hay gente que no tiene qué comer? Yo prefiero guardar esa plata y darle a alguien para que coma acá". Pero en verdad vos ni guardas la plata ni ayudas; no hacés nunca nada. Y acá, por supuesto que hay un montón de personas que no comen nada, que viven en las mismas condiciones, iguales o peores. Pero África es un continente que está totalmente apartado, que no hay riqueza para nadie. Acá hay gente que puede y quiere colaborar. Como en muchos países de Europa que el Obispo visita, como en Colombia y México. En África lo mínimo es demasiado. Por eso nosotras lo intentamos... queremos ayudar y mostrar que nosotros también los podemos ayudar. Quizás hay gente que esto no le importa.
Laura: Yo les digo: todos somos hermanos; todos somos necesitados. Para Dios lo que cuenta es la necesidad. A mí antes no me movía colaborar con los mapuches, u otros... Lo importante es hacerlo de corazón y no para que te vean, o para andar diciéndolo. Nosotras vivimos encontrándonos con gente que habla pero que no hace. ¡No ayuda ni acá ni allá!
Lola: Somos egoístas y no hacemos ni una cosa ni la otra. Te guardás todo para vos y decís: "Si me vienen a pedir, bueno, quizás sí les doy; pero si no, no".

Celebración de un Domingo de Ramos.
Padre Francis con Kikuyos y un catequista nativo.
"Uno ve el cambio, la civilización que va llegando. Que uno ya estudia, va se hace catequista, y se viste como cualquier persona."


Frag: ¿El viaje les ayudó a valorar la fe que tienen?
Lola: Sí, la verdad que demasiado. Sobre todo por el ejemplo de los Africanos. Son felices con la nada que tienen. Y uno está renegando porque no te podés comprar la remera que más te gusta para salir el viernes a la noche, porque todos los viernes te ponés la misma remera, y te hacés un drama. Allá son felices con lo que no tienen y ofrecen lo que les falta sin negar nada a quien los visita en su casa.
Laura: La entrega de los sacerdotes es increíble.
Lola: Te hace pensar qué tibia es tu vida, y todo lo que hacés.
Laura: Los sacerdotes llevan una vida muy sacrificada. Vivían en casillas de chapa, y hacía 45°C... ¿Como aguantás? ¡Nosotras no aguantábamos!
Lola: Y no tienen luz eléctrica. Y a veces no tienen agua.
Laura: Uno se pregunta: ¿Cómo han vivido así? Y son felices. Siempre con una sonrisa. Recién ahora tienen una casa linda y bien hecha.
Lola: Pero hasta el año que los visitamos vivían en las casillas. Nosotras estuvimos en Enero de 1994 y la casa recién se estaba estrenando. Ahora tienen unos paneles para obtener energía solar.
Laura: Y están en un lugar... en pleno descampado. ¿Si les pasa algo? ¿A dónde recurren? A ninguna parte.
Lola: Sólo tienen la casa de las monjas y un hospital que están instalando con ayuda de Europa. Acá te agarra el calor y decís: "prendamos el aire acondicionado". Por supuesto que es totalmente distinta la vida que ellos hacen con la que hacemos nosotros. Para ser un poco mejores o más buenos no vamos a vivir como ellos.
Laura: A mí lo que más me ha gustado es que se olvidan de ellos mismos. Uno vive siendo egoísta pensando en uno y en el propio beneficio, y sólo si te sobra el tiempo, lo das a los demás. Y si la gente se entera, ¡mejor!. En cambio ellos, todo lo hace sin ver a su familia por 5 años.

"¡¿Cómo puede ser que sigan con el sistema de la circuncisión en las mujeres y en los hombres?!"

Arriba: Lola a la llegada a un pueblito de Ruanda.

Izquierda: Niño "prestado" en brazos de Laura, como signo de confianza en la salida de una Misa en una misión de Kenia


Frag: ¿Ustedes sintieron esa fraternidad que nos da la fe, que supera las distancias y las diferencias culturales, con los cristianos de África?
Laura: Más que hermana, me sentía mal, me sentía miserable. Al ver cómo son, sentís que vos, que has recibido mucha formación y muchas otras cosas, tenés unos principios y unos valores totalmente distantes de los de ellos. Todo lo hacen de corazón... ¡Ojo! Hay de todo, ¿no?, pero hablo de la gente con la que estuvimos viviendo. Pensaba: ¡Qué basura soy! Y esto va a quedar acá... voy a volver a la Argentina y voy a seguir siendo la misma.
Frag: ¿Y seguís siendo la misma?
Laura: Yo cambié un poquito. Pero falta mucho. Te cuesta. Yo sé que también estamos sujetos a una sociedad de consumo, a muchas cosas que te hacen caer. Pero por lo menos sé darme el tiempo para pensar. Lo que hice en África fue pensar; porque acá vivimos siempre a mil, no te sentás a pensar ni valorar lo que tenés. Si te pasa algo, al principio reflexionás, pero después te mueven el piso y seguís con lo mismo. Pero no se trata de volver y terminar con todo lo que es tu vida y con el medio donde vos vivís.
Lola: Lo importante es que no quede en un entusiasmo del primer momento. Hay que reconocer todo lo que haz vivido y aprendido. Hay que tratar de mejorar las virtudes que tenés y tratar de tener las que te faltan y que te duren siempre, no los primeros 2 o 3 meses. Que sean para toda tu vida. Yo creo que lo que aprendí en África es para toda mi vida. Y cuando estoy mal pienso en los que están allá.

Lola y Laura se quedaron con sus recuerdos, con esas imágenes intensas que sobrevuelan sus pensamientos varias veces al día.
En medio de la pobreza y las necesidades, descubrieron lo más valioso que puede hacer un hombre: ofrecer su propia vida al servicio de los demás.