No es necesario irse al las manos para
hablar de violencia. Donde no hay reconocimiento del otro,
hay violencia. La violencia puede tomar miles de formas,
puede disfrazarse de tantas maneras que, a veces, no la
reconocemos y hasta nos sentimos ajenos a ella.
La pobreza, la falta de educación y justicia, son
algunas de estas formas. ¿Alguna vez lo pensaste?
Sin embargo, hay muchas otras que nos pueden sonar más
familiares, y en las que tal vez participamos.
SITUACIÓN
1: “LOS SOPECHOSOS DE SIEMPRE”
Nos consideramos”no discriminadores”. Postulamos
la “belleza interior”, lo que no se ve, como
lo más valioso. Repetimos el clásico: “lo
que importa es lo de adentro”.
Chicas: Nos encontramos con un grupo de chicos de tez oscura,
no tan bien vestidos, que nos piropean…
Reacciones:
A. “¡Ay, qué negros!” (o algún
comentario parecido).
B. No estás tan de acuerdo con el comentario “A”
que alguien hizo, pero no decís nada.
C. Mostrás lo despectivo que es ese comentario, y
tu desacuerdo por subestimar a otra persona por su aspecto.
Chicos: Fuimos a bailar. ¡Terrible!
No nos encontramos con Valeria Mazza, Dolores Barreiro no
fue porque le dolía una muela y Carola del Bianco
se sacó un par de fotos para la revista “Caras”
y se volvió a su casa.
Reacciones: A. Tirás el comentario: “¡Mirá
que son todas unas vacas!” y por si ellas no se dieron
cuenta, saludás a una con un simpático “¿Qué
hacés, GORRRRDA?” (o alguna “broma”
por el estilo). B. El “chiste” de tu amigo
“no te causa” pero te reís igual, o lo
pasás por alto. C. Le parás el carro al que lo hizo,
mostrándole que duele y discrimina.
SITUACIÓN
2: “YO EL SUPREMO”
Se arma una discusión que divide dos bandos.
Vos está sosteniendo una posición y
alguien te la critica o te la hace tambalear.
Reacciones: A. Ni loco te parás a pensar
en lo que te dice ese otro. Seguís alzando
la voz y defendiéndote a ciegas. Si eso no
alcanza, bajo el lema la mejor defensa es el ataque,
te lanzás sobre él/ella con el cuerpo
o con palabras. B. No te lo bancás. Te levantás
y si no terminás la discusión con un
portazo o algo parecido, evitás escuchar lo
que te dicen y evadís por algún lado. C. Escuchás al que te discute.
Antes de contestar como si estuvieras programado,
te parás a pensar lo que te están diciendo.
Tranquilo, volvés a dar tu opinión si
te parece correcta o reconocés humildemente
que podés estar equivocado.
SITUACIÓN
3: “NI IDEA”
Siempre hay momentos en que uno queda “colgado”,
en una reunión donde no conocés a nadie,
si te cuesta relacionarte; en clase, porque no entendiste
una de lo que dijo el profesor; mientras hacías
un trámite sin saber cómo, etc, etc.
Esta vez no sos vos, le tocó a otro. Lo reconocés
por los síntomas habituales: miradas perdidas,
preguntas que no se escuchan pero que se leen en la
angustia de esa cara a lo “Soledad Solari”:
“¿cómo? ¿Dónde?
¿Cuándo? ¿ Quién soy?”
Reacciones: A. “¡Qué inútil!
¡¿Cómo no entendés?! ¡arreglátelas!
¡pedile a otro, a mi dejame!” B. Tu slogan sería algo así
como: “Aquí no ha pasado nada”,
vos no viste nada, no oíste nada, ni te diste
por enterado. No queriéndote involucrar, mirás
para arriba y te alejás silbando. Total, ¿qué
tenés que ver vos con lo que le pasa al otro? C. Sin necesidad de que el otro te
lo pida, vos le ganás de mano y te acercás
desinteresadamente a ayudarlo.
MAYORÍA ‘A’:
“LA BALADA DEL PISTOLERO”
Siempre pronto a disparar tus dardos o a imponerte sobre
los demás, encontrás como chivo expiatorio
de tu enojo o mal humor a alguna otra persona. Cuando no
nos bancamos algo o para llamar la atención en un
grupo, nos descargamos “disparando” comentarios,
burla, prepotencia, bromas de mal gusto o autoritarismo
sobre algo o alguien. Muchas veces sin llegar a la violencia
física, golpeamos y lastimamos con nuestras palabras
y actitudes.
MAYORÍA B:
“UN PASEO POR LAS NUBES”
A veces la violencia no la ejercemos directamente, pero
sí por omisión; nos callamos frente a un hecho
injusto, ignoramos a alguien o miramos para otro lado. Como
si estuviéramos en las nubes, no nos hacemos cargo
de nada y construimos nuestro propio mundo, cerrado y aislado.
Así nos convertimos en cómplices de la violencia
a través de la indiferencia.
MAYORÍA C:
“CORAZÓN VALIENTE”
En las películas en las que hay escenas de violencia
física, el más valiente puede identificarse
con el más fuerte, el que volteó a más
tipos, el que demostró más poder. Sin embargo,
para respetar a cada hombre y a cada mujer, para ser coherentes
con nuestras buenas teorías sobre la paz y la no
discriminación, dándoles vida en la práctica;
para defender a otro que no puede hacerlo, porque se encuentra
marginado; para no tirarse como fiera sobre el que opina
distinto, sobre el que es diferente; para reconocer cuándo
estamos equivocados, es que necesitamos del verdadero VALOR.
El primer paso para terminar con la violencia es reconocer
sus disfraces.