Nota de tapa

Por Malu Gargarella

No es necesario irse al las manos para hablar de violencia. Donde no hay reconocimiento del otro, hay violencia. La violencia puede tomar miles de formas, puede disfrazarse de tantas maneras que, a veces, no la reconocemos y hasta nos sentimos ajenos a ella.
La pobreza, la falta de educación y justicia, son algunas de estas formas. ¿Alguna vez lo pensaste?
Sin embargo, hay muchas otras que nos pueden sonar más familiares, y en las que tal vez participamos.

SITUACIÓN 1: “LOS SOPECHOSOS DE SIEMPRE”
Nos consideramos”no discriminadores”. Postulamos la “belleza interior”, lo que no se ve, como lo más valioso. Repetimos el clásico: “lo que importa es lo de adentro”.
Chicas: Nos encontramos con un grupo de chicos de tez oscura, no tan bien vestidos, que nos piropean…
Reacciones:
A. “¡Ay, qué negros!” (o algún comentario parecido).
B. No estás tan de acuerdo con el comentario “A” que alguien hizo, pero no decís nada.
C. Mostrás lo despectivo que es ese comentario, y tu desacuerdo por subestimar a otra persona por su aspecto.

Chicos: Fuimos a bailar. ¡Terrible! No nos encontramos con Valeria Mazza, Dolores Barreiro no fue porque le dolía una muela y Carola del Bianco se sacó un par de fotos para la revista “Caras” y se volvió a su casa.
Reacciones:
A. Tirás el comentario: “¡Mirá que son todas unas vacas!” y por si ellas no se dieron cuenta, saludás a una con un simpático “¿Qué hacés, GORRRRDA?” (o alguna “broma” por el estilo).
B. El “chiste” de tu amigo “no te causa” pero te reís igual, o lo pasás por alto.
C. Le parás el carro al que lo hizo, mostrándole que duele y discrimina.

SITUACIÓN 2: “YO EL SUPREMO”
Se arma una discusión que divide dos bandos. Vos está sosteniendo una posición y alguien te la critica o te la hace tambalear.
Reacciones:
A. Ni loco te parás a pensar en lo que te dice ese otro. Seguís alzando la voz y defendiéndote a ciegas. Si eso no alcanza, bajo el lema la mejor defensa es el ataque, te lanzás sobre él/ella con el cuerpo o con palabras.
B. No te lo bancás. Te levantás y si no terminás la discusión con un portazo o algo parecido, evitás escuchar lo que te dicen y evadís por algún lado.
C. Escuchás al que te discute. Antes de contestar como si estuvieras programado, te parás a pensar lo que te están diciendo. Tranquilo, volvés a dar tu opinión si te parece correcta o reconocés humildemente que podés estar equivocado.
SITUACIÓN 3: “NI IDEA”
Siempre hay momentos en que uno queda “colgado”, en una reunión donde no conocés a nadie, si te cuesta relacionarte; en clase, porque no entendiste una de lo que dijo el profesor; mientras hacías un trámite sin saber cómo, etc, etc.
Esta vez no sos vos, le tocó a otro. Lo reconocés por los síntomas habituales: miradas perdidas, preguntas que no se escuchan pero que se leen en la angustia de esa cara a lo “Soledad Solari”: “¿cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿ Quién soy?”
Reacciones:
A. “¡Qué inútil! ¡¿Cómo no entendés?! ¡arreglátelas! ¡pedile a otro, a mi dejame!”
B. Tu slogan sería algo así como: “Aquí no ha pasado nada”, vos no viste nada, no oíste nada, ni te diste por enterado. No queriéndote involucrar, mirás para arriba y te alejás silbando. Total, ¿qué tenés que ver vos con lo que le pasa al otro?
C. Sin necesidad de que el otro te lo pida, vos le ganás de mano y te acercás desinteresadamente a ayudarlo.

MAYORÍA ‘A’:
“LA BALADA DEL PISTOLERO”

Siempre pronto a disparar tus dardos o a imponerte sobre los demás, encontrás como chivo expiatorio de tu enojo o mal humor a alguna otra persona. Cuando no nos bancamos algo o para llamar la atención en un grupo, nos descargamos “disparando” comentarios, burla, prepotencia, bromas de mal gusto o autoritarismo sobre algo o alguien. Muchas veces sin llegar a la violencia física, golpeamos y lastimamos con nuestras palabras y actitudes.

MAYORÍA B:
“UN PASEO POR LAS NUBES”

A veces la violencia no la ejercemos directamente, pero sí por omisión; nos callamos frente a un hecho injusto, ignoramos a alguien o miramos para otro lado. Como si estuviéramos en las nubes, no nos hacemos cargo de nada y construimos nuestro propio mundo, cerrado y aislado. Así nos convertimos en cómplices de la violencia a través de la indiferencia.

MAYORÍA C:
“CORAZÓN VALIENTE”

En las películas en las que hay escenas de violencia física, el más valiente puede identificarse con el más fuerte, el que volteó a más tipos, el que demostró más poder. Sin embargo, para respetar a cada hombre y a cada mujer, para ser coherentes con nuestras buenas teorías sobre la paz y la no discriminación, dándoles vida en la práctica; para defender a otro que no puede hacerlo, porque se encuentra marginado; para no tirarse como fiera sobre el que opina distinto, sobre el que es diferente; para reconocer cuándo estamos equivocados, es que necesitamos del verdadero VALOR.
El primer paso para terminar con la violencia es reconocer sus disfraces.