“Mi paz os dejo, mi paz os
doy. No mires nuestros pecados, sino la Fe de tu Iglesia,
y conforme a tu palabra concédenos la unidad.”.
El cura abrió y cerró los ojos y dijo:
“La Paz del Señor, esté siempre
con ustedes”. Y nos invitó a darnos la
paz.
Miré hacia mis cuatro costados,
y me di cuenta que nadie me miraba. “Tierra tragame,
auxilio, socorro”. Nada, ni nadie alrededor parecía
percibir mi presencia. Estaba aislado en medio de más
de 300 personas.
Una vocecita
casi imperceptible me llegó del banco de
atrás: “Joven, que tengas paz”.
Al girar me encontré con una viejita sacada
de un cuento de hadas. En cuestión de segundos
el dilema interior: “¿Qué
hago le doy un beso, la mano? Mientras me acercaba
con la intención de darle el beso, estiró
su mano que quedó aprisionada entre mi
pecho y sus collares. Al mismo tiempo me decía:
“la paz esté contigo” y yo
le contestaba no sé qué, sin salir
de mi incomodidad, y queriendo desaparecer del
globo terráqueo. |
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Superado el trance, noté a mi
lado la presencia de una familia: papá, mamá
y los tres hijitos. Me doy cuenta de que, como ya se
habían saludado entre ellos, estaban con la vista
al frente, huyendo de cualquier “extraño”
que tuviera la intención de romper esa intimidad
familiar. No quise interrumpir.
Los del banco de adelante se saludaban
con los del primer banco, con una suerte de frases complicadas,
que no tenían demasiado que ver con lo que se
dice siempre:
- La paz esté con vos.
- Y el Señor te guarde.
- Que tengas paz, hermano.
- Y con todo tu ser
- El Señor te administre (¿?) la paz
en tu alma.
- Amén.
- La paz de Cristo
- Por siempre. |

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Me parece que estas
situaciones –que rayan lo humorístico-
surgen de que no conocemos a fondo el gesto de
la paz, y por eso lo desaprovechamos.
No sabemos qué hacer,
no tenemos idea qué decir, no nos animamos
a dar un beso más allá de novio
o pariente.
“dar la paz” es un
comprometernos con los que nos rodean. Hermanos
somos todos, porque somos hijos del mismo Dios.
La Paz de la misa supone reconciliación
y expresión de caridad. La enemistad no
es compatible con la vida en Cristo.
Al dar la paz al vecino del banco,
nuestra intención debe ser amplia: tenemos
que expresar nuestro deseo de paz, fraternidad,
amor, a todos los hombres. En ese vecino están
mis hermanos y viejos con los que suelo discutir
y gritar; el amigo con el que tenemos un tema
pendiente; compañero que insulté,
etc.
No cabe dudas de que, repetido
domingo a domingo, este signo reconciliador tendría
que poder ablandar muchos corazones y apagar el
fuego de la violencia. Eso es, esencialmente,
lograr la paz y la unidad. |
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