Nota de tapa

osiblemente la experiencia de ir a misionar sea una de las más fuertes de la vida. Alguna vez te habrás encontrado con alguien que volvió de misionar, y habrás escuchado sus palabras cargadas de alegría, habrás visto su cara de paz, sus ganas de contar a todo el mundo lo vivido.
El descoloque es absoluto. Uno llega a un pueblo desconocido, cargado de planes y teorías, con cientos de respuestas y ánimo de llevarse el mundo por delante. Y de pronto, en cuestión de minutos, el encuentro con la realidad. Y la invasión de un millón de sensaciones nuevas.
Quince días a mil. Durmiendo poco, caminando mucho comiendo lo que sea, rezando intensamente, dando y recibiendo.

por Jack Smart


No hay palabras que definan lo esencial. Es algo que sólo se conoce al vivirlo de verdad. Quizás con algunas pistas te puedas dar una idea: visitar a los que están solos, escuchar al desanimado, meditar la Palabra de Dios con personas que jamás conocimos, saber escuchar, aceptar un mate aunque hagan 30 grados de calor, todo esto y algunas cosas más, son parte de misionar.


Es un grupo de chicos y chicas (a veces no son mixtos), acompañados por un sacerdote, que comparten el llamado del Espíritu de Jesús resucitado, y quieren ser instrumentos útiles de la Iglesia, que anuncia que el Reino de Dios ha llegado (¡GUAU!). No, no te lo tomés tan a la complicada porque misionar es lo menos complicado que hay.
Veamos una definición más simple: alguien conoció a Jesús, se enganchó con su propuesta de vida, se dispuso a seguirlo y conocerlo. Un día, un amigo le recordó que mucha gente no conoce a Jesús. Entonces, se metió en un grupo y se fue a misionar al interior. Misionar es entonces, y simplemente, “presentar” a Jesús a los que no lo conocen.


La decisión de ir a misionar parte de una renuncia a las vacaciones, porque los grupos van siempre en esa época.
Quizás este sea el primer punto positivo del “misionar”. Nadie dice que esté mal disfrutar del descanso, divertirse, estar con amigos, etc. Pero también es verdad que renunciar a algo es una buena práctica. Es la primera decisión que encierra en sí misma un acto de fe y entrega.


Uno sale de Buenos Aires con una mochila cargada de preocupaciones, con los minutos contados, con la vida hecha una carrera de fórmula uno.
En la ciudad son pocos los que realmente viven y se realizan; la gran mayoría hacemos intentos desesperados por SOBREVIVIR.
Llegar al lugar de misión es sintonizar con una onda totalmente diferente. Durante quince días no importará el reloj, ni bañarse con una manguera día por medio, ni comer lo que sobre, ni dormir cinco horas por día.


No hay un esquema rígido ya que cada grupo se adapta a las características del lugar. Hay varias cosas en común: la oración en grupo, las celebraciones diarias, las visitas a las casas, las actividades con la gente.
Cada día es una incógnita. Y es posible vivir así, cuando uno tiene la confianza de que todo está en manos de Dios.


Este es uno de los baldazos de agua fría. Llegar a un pueblo pobre con infinidad de carencias. Nos impresiona que no tengan luz, ni agua, ni un hospital como la gente, ni un tren que los conecte con el mundo, no colegios…
Nos encontramos frente a frente con el hombre del lugar. “Estamos dispuestos a enseñarle todo. Tenemos la Buena Nueva, hemos conocido a Jesús”.
Pero una sorpresa nos espera. Ese hombre, esa mujer, pobres, con tantas necesidades, empiezan a abrirse. Nos cuentan cómo son, vemos cómo viven.
Nos ofrecen compartir el único pedazo de pan, bajan frutas del único árbol fértil, desnudan su confianza en los planes de Dios, ayudan a los vecinos, disfrutan de lo poco que tienen.

 

Misionar es volver por el camino al encuentro de los otros misioneros. Reunirse a compartir es coincidir en las vivencias. Ninguno de ellos ha vivido una “casualidad”. Y ellos lo saben.
Han ido a misionar con el ánimo de DAR y DARSE. Una sorpresa del cielo los ha animado a saber RECIBIR.

 

Algunas fotingas de una misión...¿tipo?... hacé click en ellas para verlas ampliadas...

Misa de envío
Listos para salir
Los chicos en la cocina
Pareja de misión
celebraciones diarias
Todos juntitos antes de salir, listos para "llevarnos el mundo por delante"
Termina la misión...todos felices